La pandemia obliga a echar el cierre de una popular cadena de cines de California

Mazazo a los cinéfilos en la cuna de la industria. La pandemia se ha cobrado una víctima más en un sector que suma cuantiosas pérdidas. La popular cadena de cines Pacific y Arclight han anunciado la tarde de este lunes que no volverán a abrir sus puertas tras el fin de la emergencia sanitaria. No habrá final feliz en Hollywood para una querida empresa local que apagó sus proyectores hace más de un año. Las malas noticias llegan justo cuando California prepara la completa reapertura, que está fechada para el 15 de junio si es que el estado mantiene la velocidad de vacunación y un bajo número de hospitalizados por coronavirus. La esperanza no fue suficiente para la cadena, que opera 300 salas en el estado. “A pesar de un enorme esfuerzo que agotó todas las opciones potenciales, la compañía no tiene un camino viable por delante”, señala el comunicado de la compañía Decurion, propietaria de ambas cadenas.

El domo del Cinerama se ha convertido en uno de los emblemas de Sunset Boulevard. Su cúpula geodésica es parte del paisaje de la avenida de Los Ángeles desde que fue inaugurada en 1963. El icónico edificio, operado por Pacific como parte del complejo de Arclight Hollywood desde 2002, fue parte del homenaje que Quentin Tarantino hizo a una época en Érase una vez en Hollywood. El cine no solo aparece en la película, sino que fue uno de los únicos cinco que exhibieron su versión en celuloide de 70 milímetros en Estados Unidos, un país que tenía más de 41.700 pantallas repartidas en más de 5.400 complejos en 2019. En 2020 se perdieron 174 pantallas, pero aún falta mucho tiempo para cuantificar el impacto del golpe que ha significado la pandemia.

Aquella exhibición de la más reciente película de Tarantino sirve para explicar lo que se ha perdido este lunes. En una de sus funciones de medianoche en los días del estreno, en julio de 2019, un error en el proyector hizo que la segunda mitad fuera proyectada digitalmente en la pantalla, una de las más grandes de todo el mundo con sus 9.7 metros de alto y 26 metros de largo. La función terminó pasadas las 4.30 con un público desmañanado pero feliz. Una vez más, la ceremonia de comunión culminaba en un templo para devotos.

Y ese ha sido uno de los aspectos más lamentados tras el anuncio de Decurion. “Esto apesta. Todos y cada uno de las personas que trabajaban en Arclight amaban las películas y tú podías sentirlo”, escribió en Twitter Rian Johnson, director de El último Jedi y Knives Out. David Ayers, guionista de Training Day y End of Watch, también contó lo que aquellas salas significaban para los profesionales de la industria: “Era mi sitio para cuando quería estudiar una película. Y el domo era un lugar de encuentro sagrado. Los cines son una experiencia demasiado poderosa como para dejarlos desvanecer”.

Salas gourmet

Los cines Pacific fueron fundados en 1946 por William Forman. El gran salto dado por la cadena se debe sobre todo a Christopher Forman, quien tomó el testigo en el negocio de su padre y su abuelo. Fue él quien en 1997 comenzó apunto a una tendencia que pronto comenzó adaptarse en las décadas siguientes en todo el mundo. Los cines con servicio premium. La más alta tecnología de proyección, venta de alcohol y comida gourmet. Las entradas, un 20% más caras que en otros sitios. Con esa promesa de lujo abrieron sus puertas 14 salas Arclight en Hollywood. Era 2002 y no había quien compitiera por aquel mercado exclusivo. El experimento funcionó. La empresa pasó de ingresar 50 millones de dólares en 2009 a 70 millones tres años después. Algunos periodistas locales creen que Decurion ha hecho el anuncio para negociar con los propietarios las rentas vencidas en los complejos ubicados en territorios con mucho valor y así ganar tiempo para obtener liquidez.

Después llegó la pandemia, un mal global que aceleró la transformación de la industria de la exhibición tras la irrupción del streaming. La crisis provocada por la gran cuarentena hizo que el 70% de los operadores de cines pequeños y medianos advirtieran que quebrarían sin la ayuda del gobierno federal. Los gigantes también maniobraron para evitar la bancarrota. Es lo que hizo AMC, que reanudó sus operaciones desde el 15 de julio de 2020, y que rompió la intocable regla de oro de la exhibición al reducir de tres meses a solo 17 días la ventana de exclusividad de títulos para mostrar antes de su subida a plataformas digitales.

La ayuda llegó finalmente en forma de una subvención para los operadores de locales cerrados. El programa impulsado por la Administración de Donald Trump antes de dejar la Casa Blanca, de 16.000 millones de dólares, puede transferir hasta 10 millones a museos, productores de teatro, promotores de conciertos y operadores de cines que perdieron hasta el 90% de sus ingresos durante 2020. Los fondos han comenzado a transferirse en abril. Quizá es demasiado tarde, pero los espectadores de cientos de películas en Pacific y Arclight aún esperan un héroe que salve la historia.

 

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