Sánchez se erige en pieza clave del pulso entre Merkel y Macron para el reparto de cargos en la UE

La ofensiva de socialistas y liberales para arrebatar la Comisión Europea al Partido Popular Europeo y el recobrado protagonismo de los gobiernos en el futuro nombramiento han colocado este martes a Pedro Sánchez en una posición privilegiada como muñidor del imprescindible acuerdo entre las grandes familias políticas del continente. El presidente en funciones del Gobierno español, que no oculta su alianza con el presidente francés, se ha erigido en la cumbre europea en el puente necesario para incorporar a la alianza a los populares que encabeza Angela Merkel.

En todas las salsas. Pocas veces como en la cumbre europea de este martes la delegación española en Bruselas se ha encontrado entre las más deseadas y buscadas por el resto de socios. La cita ha sido el pistoletazo de salida para un reparto de cargos en la Unión Europea que se anuncia entre los más enrevesados y potencialmente conflictivos en la historia del club comunitario. El rompecabezas es tan frágil que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha celebrado la cumbre con los líderes europeos en solitario, sin permitirles la presencia de ningún asesor, y les ha aislado con un inhibidor de la señal de sus teléfonos móviles.

Al término de la cumbre, Tusk se mostró confiado en lograr un acuerdo sobre los nombramientos en la próxima cumbre de junio. Pero reconoció que no será fácil y que «en el mundo real siempre es difícil un perfecto equilibrio». La selección debe satisfacer criterios geográficos, políticos, de tamaño de países y de género. «Y equilibrio de género significa al menos dos mujeres», advirtió Tusk. El presidente del Consejo se mostró dispuesto a iniciar la negociación con el Parlamento «tan pronto como sea posible».

En ese equilibrio, en el que hay que colocar hasta cinco piezas (presidentes de la Comisión, del Consejo, del Parlamento Europeo, del BCE y Alta Representación de Política Exterior), el presidente en funciones del Gobierno, Pedro Sánchez, ha asumido un protagonismo poco frecuente para un país que con frecuencia se limita a secundar las posiciones mayoritarias impulsadas por Francia o Alemania.

«Soy el jefe negociador de la familia socialdemócrata», recordó Sánchez nada más llegar a la cumbre europea. Los galones extraoficiales que le han conferido el resto de primeros ministros socialistas hubieran tenido un carácter apenas simbólico si las elecciones europeas del 26 de mayo hubieran arrojado una mayoría clara a favor de uno de los dos grandes partidos de la UE (Partido Popular Europeo y Socialistas). Pero los comicios han acabado con la gran coalición de facto que dominaba el Parlamento y por primera vez resulta imprescindible, como destacó Sánchez, «hablar con otras formaciones».

Sánchez ha asumido esa tarea de negociación en nombre de los socialistas y este mismo martes celebraba en Bruselas un almuerzo de trabajo con los tres líderes más destacados del ala liberal del Consejo: el presidente francés, Emmanuel Macron, el primer ministro holandés, Mark Rutte, y el primer ministro belga y anfitrión del encuentro, Charles Michel.

La reunión, a la que también asistió por parte socialista el primer ministro portugués, Antonio Costa, buscaba fraguar un frente común para reivindicar un reparto de cargos que colme las demandas de socialistas y liberales y reduzca la presencia de los conservadores, al frente ahora de las tres instituciones comunitarias (Consejo, Comisión y Parlamento). 

«El relevo en todos esos cargos debe reflejar el nuevo equilibrio político que ha surgido, que incluye a socialdemócratas y liberales», indicaron fuentes españolas tras el almuerzo. La cita remataba otra de la noche anterior entre Sánchez y Macron en el Elíseo, una cena compartida por los especialistas europeos de ambos gabinetes en el que se tejieron los mimbres de la nueva alianza.

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