Atentado en mezquitas en Nueva Zelanda uno de los momentos amargos de este año

Musulmanes en toda Nueva Zelanda, integrantes de una pequeña comunidad muy unida compuesta por alrededor de cincuenta mil personas, pasaban momentos amargos mientras averiguaban el 15 de marzo si sus seres queridos estaban entre las víctimas de un ataque a dos mezquitas en la ciudad de Christchurch, que hasta el momento ha causado la muerte de 49 personas y ha dejado lesionadas a 50.

“Nadie contesta sus teléfonos”, dijo Nasreen Hanif, una vocera del Consejo de Mujeres Islámicas de Nueva Zelanda, con sede en Auckland, a 85 minutos en avión de Christchurch. “No sabemos si están en el hospital o si no nos podemos comunicar con ellos. Algunos han publicado que están a salvo, pero otros no lo han hecho”.

La primera ministra Jacinda Ardern calificó las ejecuciones como un ataque terrorista “bien planeado”.

Para los musulmanes en Nueva Zelanda y en el extranjero, la masacre generó tristeza e indignación: fue un crimen y una tragedia, pero también, ante los ojos de muchos, un evidente acto de odio generado por años de opiniones antimusulmanas.

 

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