No fue fácil, se sufrió demasiado. Qué importa, si Chile está acostumbrado a eso y se une todavía más. A poco de iniciar el duelo, Sánchez le dice a Vidal que no está cómodo y se toca las piernas repetidamente. Desde la galería nacen cánticos en su nombre y el delantero del Arsenal mira al cielo, se lamenta y sigue buscando la jugada que lo saque del pozo. El mérito de la Roja es doble, porque con su máxima estrella perdida en la cancha, igual se le para de igual a igual a Argentina. No le tiene miedo al monstruo y no tiene por qué: es un gran equipo, con el libreto claro y con un público que lo alienta sin cesar.

Argentina se ve muy disminuida, con varios contracturados. La Selección entiende y sigue machacando, cuando quedan minutos para los penales. Ya no juega la estrategia, pero sí el corazón y las dos oncenas derrochan sangre. Messi camina por la cancha, parece querer los penales. La Roja, en cambio, intenta golpear con su último aliento. Merece el premio, pero no llega. Como en Brasil 2014, a seguir sufriendo.

Todo parte con los tirazos de Fernández y Messi. Luego Romero casi ataja a Vidal, pero casi no alcanza. Higuaín la manda a las nubes y el grito y los garabatos hacen temblar el estadio. Aránguiz se pone al frente y demuestra que es un crack (3-1). Le toca a Banega para descontar, pero Bravo está notable. Todo está en los pies de Alexis Sánchez. La gloria es tuya Niño Maravilla. Y eres de hielo, eres extraordinario,  GOLAZO!!! Chile campeón. El final de las amarguras. Bienvenida inmortalidad, gracias a la mejor generación de futbolista de la historia de Chile. Muchas gracias.

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