Ricardo Ezzati: «El Papa dijo que en 2016, cuando visite Argentina y Uruguay, llegará hasta Chile»

El arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati Andrello, ya no era monseñor sino cardenal cuando apareció por una plaza de San Pedro bañada por el sol del mediodía, casi escoltado por un centenar de familiares y vecinos de Campiglia dei Berici. En esta pequeña y poco conocida localidad del norte de Italia, nació en 1942 y en la zona conserva una hermana, varios sobrinos y muchos amigos que acudieron a Roma para arroparle con cariño alegre y partícipe. El se detiene de buena gana entre ellos: aprieta manos, abraza, recuerda, posa en las fotos, hasta firma autógrafos. En el dedo lleva el anillo que es símbolo de su nuevo cargo dentro de la Iglesia y que acaba de recibir de las manos del Papa Francisco, así como la birreta púrpura que le cubre la cabeza. El Pontífice creó otros 18 cardenales durante la misma ceremonia a la vera del altar de la catedral, donde reapareció en público, tras más de un año, su predecesor Benedicto XVI. El alto prelado chileno se aloja en el colegio de los Salesianos dentro del Vaticano, “allí donde siempre se queda, con mucha humildad”, comentan de la embajada en la Santa Sede. Hoy va a celebrar en San Pedro su primera misa como cardenal, junto a los nuevos purpurados y a Bergoglio. El martes subirá al norte donde sus antiguos conciudadanos le esperan para festejarle. Volverá a Santiago el 1 de marzo.

Hoy es un día especial para usted. ¿Cómo lo toma?

Muy emocionado, la verdad. Somos humanos, tenemos sentimientos y ver a las personas queridas, llegadas aquí de los dos lados del océano, me produce una emoción muy profunda. Pero la emoción más profunda aún está ligada a lo que significa este gesto del Santo Padre, por supuesto. A través de este gesto el Papa nos invita a colaborar con él en la misión de la Iglesia universal en este tiempo nuestro, que es un tiempo de gracia y de primavera bajo la guía del Papa Francisco.

¿Cómo va a cambiar su labor?

Voy a seguir trabajando en la Arquidiócesis, pero con más empeño aún hacia aquella porción del pueblo de Dios que el Señor me ha confiado y en la tarea que la Iglesia me ha endosado. Voy a trabajar intensamente para la diócesis de Santiago y a colaborar más estrechamente al ministerio del sucesor de Pedro, con humildad, pero también con eficacia tal y como nos pidió el Papa en su carta. Rezo para que el Señor me done la fortaleza necesaria para esta gran tarea.

¿Qué reacciones tuvo del pueblo chileno?

Percibí mucha esperanza y alegría a mi alrededor. Por eso estoy contento de recibir este nuevo servicio. Estoy muy feliz de prestar este servicio en nombre de los católicos chilenos.

Usted lleva 15 días en Roma preparándose para el nombramiento y trabajando en varias instituciones de la Santa Sede. ¿Cómo fue su estadía?

Vine con el Comité permanente de los Obispos. Pudimos tener la audiencia con el Papa y con diversas Congregaciones romanas para presentar la situación de la Iglesia en Chile y para expresar nuestra adhesión al Santo Padre. No dejamos de trabajar. Justamente mientras nosotros estamos hablando, acaba de ser nombrado el nuevo obispo de Iquique (Guillermo Patricio Vera). Esta decisión es fruto de un trabajo muy paciente y por lo tanto es un hecho de gran alegría. Luego, me tocó participar en la plenaria de la Congregación para la Educación Católica. Hemos estado cuatro días reflexionando sobre la tarea de la Iglesia en las universidades y en la enseñanza primaria y secundaria. En el mundo hay 76 millones de jóvenes que estudian en centros educativos de la Iglesia. Se trata de un aporte inmenso que damos en la educación en todos los ámbitos. Creo que la misión de la iglesia en la educación, también en Chile, es un aporte que el país debe agradecer.

¿Cómo fue encontrar al Papa?

Ya le había visto en julio. En esta ocasión, nos dieron media hora para conversar con él. Naturalmente los problemas que traíamos daban para mucho más que media hora. Caducado el tiempo, el secretario tocó a la puerta y el Santo Padre se puso a bromear: nos contó un chiste y después nos dijo: ‘adelante’ y nos atendió por otros 35 minutos, con un cariño enorme. Enorme. Por ejemplo, se acordó que monseñor Alejandro Goic (obispo de Rancagua) tiene algunos implantes metálicos y le preguntó: ‘¿Cómo están los fierros?’. Cosas así… tan sencillas y familiares como esta.

Es un rasgo típico de Bergoglio. ¿Cómo se traslada ese estilo a Chile?

También nosotros somos llamados a vivir esta dimensión de Iglesia sencilla. Lo hacemos siendo pastores cercanos. Cercanos a la gente y especialmente a los que sufren. Creo que la Iglesia de Chile tiene muchísimos ejemplos de esta cercanía y de este servicio. Basta mirar el compromiso que la Iglesia chilena tiene con la tercera edad.

¿Le dijo el Papa si va a visitar Chile?

El Papa dijo que en 2016, cuando visite Argentina y Uruguay, llegará hasta Chile.

El Papa instituyó una comisión permanente que vela para la seguridad de la infancia. En Chile también hubo casos de curas católicos que abusaron de menores. Monseñor Karadima, reconocido culpable y alejado, fue fotografiado mientras celebraba una misa. ¿Qué piensa de ello?

Karadima fue juzgado por la Iglesia y fue encontrado culpable. Le ha sido aplicada la pena que todo el mundo conoce. Mientras yo estaba acá, supe que estuvo celebrando una eucaristía. No conozco los detalles por lo cual no me quiero pronunciar. Pero sin duda, si él estaba celebrando una eucaristía públicamente, esto no es conforme a lo que la Iglesia había establecido para él.

¿Va a tomar medidas?

Sin duda alguna. En cuanto llegue a Chile, voy a recoger todos los datos y, si hay motivos suficientes, voy a enviarlos a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

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